Eclesiástico, 19, (Sus ojos observan siempre su conducta.)








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Tengo mi corazón de cristal
y tras de mí dejo la abrasadora noche
con todos sus segundos, sus minutos y sus horas.

En la mañana, solo tus palabras
diciendo, bendígate la luz de la mañana.

Mis ojos son de cristal
y veo acercarse un fingido tiempo, sonriente y engañoso,
donde la mentira duerme.

Pero bendígate la luz de la mañana.

Mi boca es de cristal
y dentro tengo un badajo que llama a la oración
de aquellos que ya están muertos. 
A todos los mato el silencio,
el silencio y tu voz.

¿Qué importa? Bendígate la luz de la mañana.

Mis labios, mis labios son de cristal
y tiemblan de indignación y no pronuncian palabras,
solo babean de rabia.

Y sigues tú bendiciendo.

Tengo piernas de cristal y unos pies que no avanzan, retroceden,
ya no tienen movimiento.

Y al bendecir, tú maldices, maldices mis pensamientos.

Mis brazos, mis manos, mis dedos son de cristal
y  no te puedo abrazar y no tengo movimientos.

Y tú, y tú sigues bendiciendo.

De Lasafor:


Comentarios

  1. Muy hermoso y profundo.

    Besos Lasafor.

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    Respuestas
    1. Hola Rafa, cuanto tiempo... como van esos paseos por nuestra avenida? gracias por tu comentario, un abrazo

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  2. Los paseos por la Avenida bien, aunque cada vez más torcidos por la jodida espalda.

    Besos Lasafor.

    ResponderEliminar
  3. Los paseos por la Avenida bien, aunque cada vez más torcidos por la jodida espalda.

    Besos Lasafor.

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